La
piorrea es la principal causa de pérdida de dientes en el adulto
“La causa de la elevada prevalencia
de esta patología hoy en día sólo se explica a causa del desconocimiento que
hay entre la gente sobre que es una enfermedad que se cura”, así lo ha puesto
de manifiesto Ion Zabalegui, presidente del comité
organizador de
“La causa de la elevada prevalencia
que la piorrea tiene hoy en día en nuestra sociedad sólo se explica a causa del
desconocimiento que hay entre la gente sobre que es una enfermedad que se
cura”. Así lo ha puesto de manifiesto Ion Zabalegui,
presidente del comité organizador de la XLII reunión de
Son dos las principales afecciones que comprende la piorrea.
“Por un lado, se encuentra la gingivitis, que se traduce en una inflamación de
las encías que rodean al diente. Y por otro, la periodontitis,
que viene causada normalmente por una gingivitis previa y supone la destrucción
del tejido óseo alrededor del diente”.
Para ambos casos, el experto afirmó que existen soluciones
eficaces que permiten a las personas tratadas conservar todas sus piezas
dentarias, incluso, de por vida. La primera de las medidas en las que hizo
hincapié Zabalegui fue la prevención. “Es muy
importante el control periódico de la boca ya que la piorrea es una infección
crónica, no aguda, que va actuando progresivamente. Así, hay un estadio en el
que todavía se puede actuar con eficacia sobre ella y salvar el diente. Sin
embargo, si se deja avanzar sin control, llega un momento en el que la pérdida
de los dientes se hace irreversible”.
A pesar del gran desarrollo habido en la lucha contra la
enfermedad periodontal, existe una serie de factores
de riesgo que pueden provocar su aparición o agravamiento en caso de que ya
exista infección. Así, Zabalegui citó al tabaquismo
como el más importante de ellos “por su relación directa en la destrucción del
tejido periodontal y porque perjudica la
cicatrización y la respuesta al tratamiento desinflamatorio
y al avanzado o quirúrgico”.
Además del tabaquismo, “es también muy importante la
susceptibilidad individual derivada de la genética de cada individuo, por lo
que es considerado como un factor de riesgo más”. También salieron a colación
los desequilibrios emocionales “como la ansiedad, la depresión esencial”, y los
factores sistémicos, referidos a que determinadas enfermedades (como la
diabetes tipo 1) “pueden influir negativamente en la piorrea”.
En el caso de que la enfermedad periodontal
o piorrea sea detectada a tiempo, el tratamiento consta de tres pilares
básicos. “El primero de ellos lo constituye el curetaje,
en el que a través de curetas —instrumentos especialmente diseñados para
eliminar los depósitos bajo la encía—, se elimina la placa bacteriana”.
Posteriormente, y en caso de que la infección específica lo precise, “se
recurre a un tratamiento especializado con antibiótico”.
El último de los pilares indicados por el experto es el
correcto cepillado de los dientes. “El control mecánico de la placa por parte
del profesional y por parte del paciente es esencial. Si el paciente no elimina
de forma eficaz la placa que se forma cada doce horas —de ahí la necesidad de
limpiarse la boca al menos dos veces al día—, será muy difícil lograr una
curación completa de
No obstante, tanto en los casos en los que se logra salvar
la dentición originaria como en los que se recurre a los implantes “el paciente
no se debe olvidar que ha tenido una infección, que aunque está curada, puede
volver a registrar un repunte en su actividad y volver a poner en peligro la
salud de la dientes e, incluso, de los nuevos implantes que le han sido
colocados”.
En este sentido abogó por un control individualizado de la
enfermedad periodontal, después de curada, “dependiendo
de los factores de riesgo que todavía queden presentes después del
tratamiento”. De este modo, los intervalos de seguimiento serán más frecuentes
cuantos más factores de riesgo tenga el sujeto,
aunque, de manera general “tratamos de no hacer venir al paciente más de dos
veces al año a la consulta, si bien en determinados casos, es necesario una
frecuencia mayor”.
Según recordó, “la boca sigue siendo el agujero séptico del
cuerpo humano más importante en cuanto a número de microbios”, lo que implica
que es una fuente principal de infecciones y de transmisión de microbios.
A pesar de los avances registrados en la prevención y
tratamiento de la enfermedad periodontal, los efectos
de la misma en la boca siguen dejando secuelas. “los tejidos blandos de la
herida y los tejidos duros del hueso se ven atacados por la infección y la
destrucción que en ellos se producen, al actuar sobre ambos tipos de tejido,
provoca la aparición de cicatrices, visibles e invisibles”.
La regeneración de tejido es uno de los campos de la
odontología en los que más se está investigando en los últimos años, como
fórmula para contrarrestar los efectos que deja en la boca la enfermedad periodontal. Dentro de esta área, se están desarrollando
técnicas y productos que favorecen el crecimiento y la regeneración de los
tejidos destruidos, como complemento del tratamiento.
En el campo de los implantes, los expertos destacaron que
éstos han supuesto una auténtica revolución para aquellas personas que carecen
de una o varias piezas dentales o que incluso no poseen dientes propios. Sin
embargo, tras el implante, es necesario que el paciente mantenga un adecuado
control del mismo, ya que, según sean sus características, podrá desarrollar
con más o menos facilidad periimplantitis, una patología
que puede dar al traste con el buen resultado de la operación.
Éste fue el tema central de la conferencia del experto
portugués en periimplantitis, Gil Alcoforado.
Y es que la periimplantitis se caracteriza por ser
“un proceso inflamatorio que afecta a los tejidos de soporte de un implante
dental y que puede conllevar incluso la pérdida del tejido óseo en el que se
inserta el implante”.
Alcoforado comentó que la génesis de la periimplantitis
“no está completamente esclarecida. Sin embargo, se ha demostrado
estadísticamente la existencia de características tanto individuales como de
comportamiento que se relacionan con una mayor prevalencia”.
Entre ellas, cita “una eventual susceptibilidad genética, el hábito de fumar,
la diabetes no controlada y una historia clínica previa de piorrea. Además”,
prosigue el experto, “se ha constatado que la acción de la microflora bucal es
determinante y necesaria para que surja la periimplantitis”.
Por otro lado, no está tan claro la importancia de los
materiales empleados en el implante en la aparición de esta infección. “No
existen conclusiones definitivas en la literatura científica acerca de si los
implantes pulidos o los rugosos se asocian a una mayor o menor prevalencia de la periimplantitis,
por lo que los estudios existentes no se pueden extrapolar de una manera
generalizada”, recalca el experto.
Son muchas las razones que aconsejan mantener un seguimiento
periódico de los implantes una vez realizados. Quizá una de las más importantes
sea el hecho de que la periimplantitis puede aparecer
“con un cuadro asintomático, sin muestras externas evidentes, por lo que en
muchas ocasiones puede ser una situación clínica que puede pasar
desapercibida”.
Por otro lado, según indica Alcoforado,
“a veces, su presencia se asocia a un cuadro infeccioso con la existencia de
dolor, supuración y molestias”, por lo que su detección por parte del propio
paciente resulta más sencilla, si bien estos casos se dan en estadios más
avanzados de la infección.
De este modo, debe ser el especialista quien diagnostique la
patología “y compruebe si existen bolsas periimplantares
patológicas o, en los casos más avanzados, movilidad del implante”. Por su
parte, también comenta que “radiológicamente
comprobamos la presencia o no de pérdida de masa ósea debida al proceso
infeccioso, por lo que el análisis debe ser completo”.
“El objetivo primordial de la terapéutica de esta infección
es la estabilización de este proceso infeccioso, así como garantizar un
mantenimiento a largo plazo de los resultados obtenidos con las diferentes
modalidades de tratamiento”, comenta el odontólogo. Así, es importante que la
rehabilitación implanto-soportada no termine en el momento que se coloque la
prótesis definitiva sino que se instituya un protocolo de soporte que
monitorice a largo plazo la salud periimplantar. En
este sentido, Alcoforado expuso que “después del
implante es conveniente volver a evaluar los riesgos generales, individuales y
puntuales de cada caso clínico para adecuar el número y frecuencia de las
consultas de seguimiento”.