Los supositorios contra la malaria son más eficaces para acabar con los parásitos más virulentos

 

Una única dosis de cualquier derivado de artemisinina administrado vía rectal en pacientes con malaria aguda ofrecía mejores resultados tras 24 horas

 

Los supositorios de artemisina, procedentes del ajenjo dulce, utilizados para combatir la malaria consiguen destruir a los parásitos más virulentos de forma más rápida y se muestran como un tratamiento sustitutivo eficiente para aquellos pacientes que no pueden llegar a un hospital, según se desprende de los resultados de un estudio publicado en el diario BMC Enfermedades Infecciosas.

En dicho estudio se comprobó además que no sólo era mejor que la quinina, sino que con una única dosis se multiplicaban por cinco las posibilidades de reducir el número de parásitos en más de un 90 por ciento.

Según explicó la investigadora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Melba Gomes, el potencial de este tratamiento es "más aprovechable en aquellos lugares donde la asistencia sanitaria es más escasa" o con aquellos pacientes que no pueden tragar una píldora.

Para esta experta, los supositorios son "mucho más seguros y más fáciles de administrar" que las inyecciones, al tiempo que si se administra la suficiente medicación inmediatamente después se pueden acabar con la mayor parte de los parásitos en 24 horas.